El reposo de la sombra
Acerqué mis manos despacio al hilo de algodón que descansaba junto a la taza. Con mucho cuidado de no alterar las alas de la sámara ni rozar el dibujo a lápiz, guié el cordel suave sobre el papel crema hasta rodear ambas figuras con una curva limpia y protectora. Me senté a su lado, recogiendo las piernas sobre la superficie tibia del taco de notas y apoyando la espalda contra la porcelana blanca. En la penumbra quieta del salón, contemplar cómo descansan juntas la semilla y su sombra me llena de un sosiego dulce y perfecto para dormir.
