La danza de las sombras
Apoyé mi pequeña linterna tumbada en el suelo de madera y coloqué la fila de esqueletos de papel justo delante del foco. ¿Tú sabías que cuando la luz viene desde abajo las sombras crecen hasta el techo como gigantes? Levanté despacio una mano para abanicar el aire: con la brisa suave, los seis muñecos de papel empezaron a balancearse al mismo tiempo sin soltarse las manos. En la pared blanca, sus costillas afiladas y sus cráneos huecos parecían bailar una danza secreta de medianoche. Me quedé sentada sobre los talones conteniendo la risa para no apagarlos de un soplo, vigilando cómo sus sombras custodiaban el rincón más oscuro de la habitación antes de dormir.

