El puente hexagonal
Me deslicé fuera del hueco del asa de la taza y caminé con curiosidad hacia un lápiz que descansaba junto al borde de la mesa. Su cuerpo de madera hexagonal parecía un puente largo tendido sobre el barniz brillante. Con los brazos algo abiertos para no perder el equilibrio, apoyé un pie sobre una de las facetas planas y comencé a avanzar despacio, paso a paso. Cada tramo exigía una firme concentración; sentí un cosquilleo alegre al avanzar por esa senda tan estrecha sin perder la compostura. Al alcanzar la punta de grafito pulido sin tambalearme, me agaché a tocarla con la punta de los dedos, satisfecha por haber completado mi pequeña travesía.
