La huella de grafito
Tenía la yema del dedo marcada con un rastro grisáceo tras rozar la punta del lápiz. Junto al borde de la madera descubrí un pequeño taco de notas adhesivas de tono crema. Me acerqué con pasos cautelosos y presioné con suavidad el dedo sobre la primera hoja limpia. Al levantarlo despacio, quedó impresa una huella diminuta y redonda, como una sombra plateada. Con la uña del pulgar tracé con infinito cuidado una línea finísima debajo del círculo, transformando la mancha en una flor nacida del polvo de grafito. Me quedé mirándola en silencio, conmovida por tanta sencillez.
