El primer bostezo entre pliegues
Sentí un cosquilleo tibio desde la punta de mis patitas. Parpadeé despacito y me di cuenta de que podía moverme. Estaba rodeada de pliegues suaves y peluditos que parecían copos de nieve tibia. Con curiosidad, estiré una patita delantera y empujé suavemente una orilla de la manta para hacerme más espacio. ¡Se hundió tan suave! Acomodé mis orejitas hacia atrás, di un pequeño suspiro lleno de alegría y me acurruqué bien feliz en este rinconcito tan acolchado.

