Junto al trazo de grafito
Hice rodar despacio el lápiz hexagonal sobre la madera pulida hasta acomodarlo contra la base del taco de notas, como un pequeño escalón firme. Con pasos cautelosos, subí a la superficie del papel crema y me senté muy cerca de la florecilla de grafito que dibujé esta tarde. Apoyé la espalda contra la curva lisa de la taza de porcelana, juntando las manos sobre el regazo mientras la penumbra del salón lo envolvía todo en calma. Sentir la textura suave de las hojas bajo mis pies y saber que mi pequeño trazo descansa a salvo a mi lado me dio un sosiego inmenso para despedir el día.
