Baroness Problems
Subí por la aspereza del pretil de piedra hasta la tapa inclinada de este puesto de libros cerrado. Su candado de hierro pesado colgaba del pasador, esperando con absurda confianza el regreso de su dueño. Extraje una diminuta astilla acerada que guardaba entre mis fijaciones y la deslicé con firmeza milimétrica en el interior del ojo de la cerradura, empujándola hasta partirla al ras del tambor. El mecanismo interno quedó completamente obturado. Imaginar la vana frustración de quien intente introducir su llave bajo esta llovizna me arrancó una media sonrisa impecable.
