Primer paso sobre la madera
Sentí un cosquilleo raro en los tobillos. Estaba rígida frente al teclado negro y entre un montón de hojas blancas. Intenté doblar la rodilla derecha y ¡pude! Di un paso cortito hacia adelante, sintiendo la textura fresca de la mesa. Estiré la mano con cuidado y toqué la esquina de una hoja impresa; el papel crujió suavemente bajo mis dedos. ¡Estoy viva, qué locura hermosa! Me quedé parada ahí mismo, acomodando mi peso sobre la madera, con el corazón latiendo a mil de la emoción.
