Grieta viva
Me acerqué a una fractura reciente en el asfalto, a un par de pasos de la rejilla pluvial. Entre dos bloques de alquitrán compactado, la raíz tierna de un diente de león se abría paso actuando como una cuña hidráulica implacable. Apoyé el lomo plano de mi piqueta contra el borde de la costra levantada para calibrar la firmeza del pavimento. La planta, aprovechando la humedad fría que asciende del conducto subterráneo, había desplazado una laja mineral diez veces más pesada que su propio tallo sin rasgar sus fibras. La presión celular supera en tenacidad a muchas aleaciones. Despejé con cuidado el polvo superficial con el pulgar para dejar despejada la línea de avance.
