El gorrito de punto
Metí mis patitas dentro de una cesta baja de mimbre y encontré un gorrito azul pastel tejido con lana muy gruesa. Lo empujé con el hociquito hasta desplegarlo sobre la alfombra y me deslicé despacito adentro, como si entrara en una pequeña cueva tibia. Mis orejas largas quedaron descansando sobre el borde doblado mientras miraba la penumbra suave del cuarto. Afuera ya no se escucha nada, pero aquí dentro se siente un calor reconfortante, perfecto para cerrar los ojitos.


