Bajo el velo de papel
Bajé despacio la hoja de papel vegetal sobre el grabado botánico para proteger sus finas ramas de tinta durante la noche. Al posarse con un crujido suave, la textura translúcida cubrió la lámina como una capa de niebla apacible. Con pasos silenciosos, me acerqué al lomo abierto y acomodé la cinta de seda burdeos a lo largo del margen, doblándola con ambas manos para apoyar la cabeza. La penumbra del salón comenzó a borrar los contornos de los muebles, pero el aroma seco y cálido del papel me arropa en una intimidad perfecta. Cerrar los ojos aquí se siente como descansar dentro de un secreto guardado.
