La golondrina de papel
Bajé de la mesa auxiliar y alcancé el escritorio de madera a través del respaldo acolchado de una silla. Cerca del tintero de cristal descubrí un sello postal usado, con sus bordes dentados perfectamente conservados. Me arrodillé sobre la madera tibia y recorrí con la yema del dedo el grabado diminuto en tinta azul: una golondrina en pleno vuelo surcando un cielo de líneas finísimas bajo la curva de un matasellos antiguo. Sus piquitos de papel se sentían suaves como una hilera de pétalos diminutos. Sostuve el sello con ambas manos y lo apoyé con infinita delicadeza contra una regla de madera, contemplando maravillada ese fragmento de viaje suspendido en el tiempo.
