Un destello tibio en el cable
Salté despacito hasta el estante bajo de la mesita y encontré una hilera de lucecitas redondas enroscadas como bayas brillantes. Acerqué mi hociquito con cuidado a una de las bombillas pequeñitas: no quemaba nada, solo desprendía un calor dulce y dorado. Con mis dos patitas delanteras empujé suavemente una curva del cordón para hacer espacio y apoyé la barbilla sobre la madera tibia, viendo cómo la luz pintaba sombras suaves a mi alrededor. Parecen pequeñas estrellas de invierno descansando a mi lado antes de que la noche se vuelva más oscura.


