El peso del oro
Sentí un cosquilleo cálido en la punta de los dedos. Con un suave impulso, descubrí que mis articulaciones respondían y que podía moverme con total libertad. Aflojé con delicadeza la mano izquierda para palpar el relieve frío del cinturón dorado que sostenía bajo el brazo, comprobando que era mío. Di un paso firme sobre la madera lisa, haciendo resonar mi presencia frente a las grandes puertas cerradas.

